viernes, 18 de agosto de 2017

El Camino... de Santiago o de Vida

Cuando tenia 15 años, hice el Camino de Santiago, desde Astorga hasta Santiago, con un grupo.  Fue una experiencia única, aprendí muchísimo: sobre qué cosas son importantes y cuáles no (llevar con uno sólo lo imprescindible, porque los ‘por si’ pesan mucho), sobre la grandeza de la naturaleza frente a la pequeñez del ser humano, sobre la solidaridad y compañerismo entre peregrinos cuando estás en apuros, sobre el egoísmo del ser humano en circunstancias normales… 

Ahora, muchos años después, quise experimentar un viaje iniciatico de ese tipo.  Este verano se cumplieron 10 años desde que algo dentro de mí dijo… “vas mal, por ahí no es”… e hice caso a esa voz, no fui capaz de ignorarla a pesar de que todo me iba bien (buen trabajo, amigos, casa, dinero...).  Y me alegro.  Ahora mi vida poco tiene que ver con mi vida de hace 10 años, he sacrificado muchas cosas pero he ganado otras, he perdido amigos queridos pero he ganado otros, pero sobretodo, cada vez me siento más auténticamente yo, más libre, más en paz conmigo misma y con el mundo, siento que estoy haciendo lo que tengo que hacer y que mi vida tiene sentido. Y esa vocecita impertinente dice: “ves? No estabas en tu lugar, ahora empiezas a estarlo”.  No es una vida perfecta, pero al menos siento que estoy en el camino, que por aquí puedo crecer y desarrollarme.  Ha sido muy difícil, poca gente ha entendido nada de lo que he hecho así que apenas he tenido apoyo.  Cuando cuestionas y decides cambiar de raíz tantas cosas, dejas de formar parte del ‘grupo’, unos y otros grupos a los que perteneces, que son tu red de apoyo y confianza, dejan de serlo… te ves sólo e incluso excluido por no seguir las pautas establecidas.  Pero también te das cuenta de que en realidad TODOS estamos solos, aunque la pertenencia a ciertos grupos lo camufle (amigos, familia, pareja, trabajo), estás sólo.  Naces sólo y te mueres sólo, y nadie puede acompañarte en esos procesos.  Al final de tus días a la única persona que tendrás que rendir cuentas es a ti mismo…¿has hecho en esta vida lo que tenías que hacer, tu misión? ¿Sientes que has vivido plenamente? ¿Cuánto has amado? ¿Hay algo de lo que te arrepientes no haber vivido? ¿Tu vida, ha merecido la pena?  (A este respecto leer el articulo, 30 preguntas que hacerse antes de morir, es maravilloso: http://www.rebellesociety.com/2013/07/17/30-questions-to-ask-before-you-die/ )  Así que ya no me queda otra que siempre escuchar a esa voz cuando decide hablar, aunque a veces sea tremendamente confusa y me lleve tiempo, ensayo/error entenderla. Se ha convertido en mi brújula, mi guía, y siempre acierta…aunque a veces parezca una locura.

Por tanto, este verano quise hacer algo especial para celebrar y finalizar esta década de cambios profundos.  Buscaba silencio y reflexión para asentar dentro de mi todo lo ocurrido.  Me plantee 3 opciones: un retiro vipassana (pero me pusieron en lista de espera porque estaba lleno), una ruta circular recorriendo toda la sierra de Madrid (aunque me daba miedo porque soy un desastre en orientación y tampoco tengo buena preparación física) y el Camino de Santiago (aunque me echaba para atrás la masificación que sufre este peregrinaje hoy en día en verano… las modas lo desvirtúan todo).

Intenté dar tiempo a la decisión para que, de alguna manera, el universo me indicara cuál era la mejor opción para mi en este momento.  Pero no se movía nada en ninguna dirección.  El Vipassana parecía descartado porque no llamaban; fui a la Asociación de Amigos del Camino para que me recomendaran, señalándoles que lo que buscaba era silencio.  Me dijeron que hiciera el camino de Madrid, que era el único con cierta soledad en esta época del año, pero había que enfrentarse al sol castellano de agosto. Y la ruta por la sierra de Madrid ahí estaba disponible, pero mi miedo intacto y poca información en internet.  Dudas… yo no suelo dudar especialmente, pero cuando algo lo dudo mucho para mí suele significar que ninguna de las opciones es, va por ahí pero no es, o al menos no de la manera en que lo estás planteando.  Odio las dudas, uno puede quedarse estancado en ellas toda la vida.  Pero el tiempo corre y uno no puede permitirse el lujo de quedarse estancado en la duda, en medio de un cruce de caminos sin moverse hacia ninguna dirección, porque la vida pasa, y no espera a nadie.  Así que decidí comenzar a andar, cuando no se sabe que decisión tomar cualquier decisión puede ser buena… con la mente racional rara vez se disipan las dudas, porque uno puede dar argumentos estupendos a cualquier decisión, así que hay que comenzar a andar hacia algún lado… ya se encargará la voz interior y el universo de corregirte si esa no era la decisión para ti.  Sólo hay que estar dispuesto a rectificar, con humildad y sin rencor.  En la vida todo puede rectificarse, siempre se puede dar marcha atrás excepto en dos temas: tener un hijo, y morirse.

Decidí iniciar el Camino de Santiago desde Madrid, y llegar hasta donde pudiera con el tiempo que disponía. Tomada la decisión uno recupera energía, me puse a entrenar un poco, preparar la mochila, informarme del itinerario…. Ya estaba todo listo. Cuando media hora antes de salir por la puerta de mi casa con la mochila, me llaman del Vipassana diciéndome que había una plaza libre, que si podía llegar al día siguiente para iniciar el retiro… y yo que esperaba señales del universo… ¡a veces es para matarlo!  Las dudas volvieron en todo su esplendor… ¿será que debía irme al Vipassana?  Pero llevaba ya 10 días entrenando y me estaba sentando muy bien al cuerpo eso de levantarme por la mañana pronto y ponerme a andar.  Cuando no se sabe qué decidir lo mejor es escuchar al cuerpo, este sabe mejor que tú lo que quieres y necesitas, es la expresión física de la intuición.  ¿Te sientes más liviano y con energía? Sigue por ahí. ¿Te sientes más fatigado y pesado? Por ahí no es.  La fatiga crónica, la pesadez, la sensación de bloqueo, la mente atorada… son síntomas de un esfuerzo excesivo que van en contra de uno mismo.  Y si aparecen momentáneamente como respuesta a algo puntual, pues es lo normal, la respuesta a un exceso. Pero cuando aparecen de forma crónica… plantéate que en tu vida hay algo que no va bien.  Si aprendes a escuchar a tu cuerpo este te indica claramente, lo que pasa es que al principio suele responder con retardo, y luego ya sientes las señales de forma inmediata.  Decidí seguir con el Camino de Santiago escuchando a mi cuerpo que me pedía movimiento y a una buena amiga que me hizo la pregunta clave: ¿qué llevas más tiempo queriendo hacer?

Comencé el camino desde Madrid, todo muy bien con sorpresas agradables y algún percancillo, el sol era matador… a partir de las 11.00 no había quién andara con este sol castellano de principios de Agosto.  En la segunda etapa, a 5 km (de 25km) de destino tuve que parar y pedir ayuda, no me quedaba agua, era la 13.30 y estaríamos a 37 grados sin una sola sombra… nadie a la vista en mitad de una vía pecuaria. Iba con retraso porque a mi me gusta pararme para disfrutar del camino, estuve como una hora visitando la Iglesia de Colmenar Viejo (es preciosa) y hablando con el cura, luego di con una zona de zarzamoras y paraba constantemente a coger moras (buenísimas!!!). Una amiga y un coche de bomberos que pasó por allí me sacaron del embrollo.  Así que te das cuenta de que tienes que rectificar, porque hay cosas contra las que no se puede pelear, como la climatología: o reducir km en cada etapa para que te de tiempo a parar e ir con calma antes de que el sol apriete; o concentrarte en avanzar rápido sin paradas para cumplir las etapas.  En otro momento de mi vida hubiera decidido dejar las paradas de lado y concentrarme en cumplir etapas para llegar… hoy en día me pregunto: ¿eso de qué sirve?  Igual que en la vida, parece que estamos programados para ir cumpliendo etapas lo más rápidamente posible, todos por el mismo camino deseando llegar a la siguiente etapa: estudiar, trabajar, tener trabajo fijo, casarse, comprar piso, tener hijos, un perro … y ¿luego? ¿Que haces cuando has cumplido las etapas?  ¿Esperar a la muerte?  Porque el único destino al que nos dirigimos todos es a la muerte, ¿a qué tanta prisa por llegar? Ah no, después viene la frase famosa: “cuando me jubile haré tal y cual”… si llegas, y si llegas con energía.  No, el único momento que existe es ahora, es ahora cuando tienes que vivir la vida que quieres porque mañana quizás ya no estés. Y es una lástima que se nos olvide esto, perdemos la perspectiva de nuestra vida.

Yo ahora elijo disfrutar del camino, disfrutar de cada paso, sentirlo. Si la vida me regala moras y bellas vistas, me paro y las disfruto al máximo. Si llega sol del desierto y dolor de rodillas, me pliego e intento adaptarme para sufrir lo menos posible.  No me importa llegar o no llegar, lo importante es andar y disfrutar del camino, al fin y al cabo, no hay dónde llegar... Obviamente hay cosas que no puedes cambiar, la climatología, los lugares donde alojarte, donde comer.  Es cuestión de adaptarse y encontrar un equilibrio entre los imponderables y lo que uno quiere… igual que en la vida.  Así que reduje etapas, la tercera etapa fue un gusto, la cuarta era la más difícil y temida de todos los caminos de Santiago: 34 km sin poblaciones intermedias donde parar y con un puerto de montaña, el paso de Cercedilla a Segovia.  Decidí hacer el puerto de la Fuenfria y volver a Cercedilla, para luego coger tren a Segovia, puesto que no sentía ninguna necesidad de sufrir insolaciones ni otras penurias evitables.  Ese era el plan.  Hasta que empecé a subir el puerto de la Fuenfria por la calzada romana… mi cuerpo empezó a sentirse liviano, tanto, que volaba y decidió subir por el camino más empinado (calzada borbónica), la cabeza encontró un silencio acogedor a medida que los pinos me envolvían, la brisa fresca me rodeaba, la sombra me cobijaba y lo pájaros me acompañaban… y esa voz interior habló: “Esto es, esto es lo que buscaba, lo que necesito ahora mismo”.

Así que finalmente, me quede en Cercedilla, lugar al que he ido mucho y del que me he enamorado, salía cada mañana al amanecer a andar durante 6-8 horas por la montaña, recorriéndome de punta a punta y de pico en pico todo el valle de la Fuenfria.  Por caminos de cabras empinados, feliz, escribiendo poemas entre los pinos, poniendo un broche de oro a esta década.  ¿Y qué conclusiones saco? Que siempre hay que escuchar a la voz interna.  Que cuando uno está en su lugar no necesita irse lejos, ni hacer viajes de búsqueda, ya está donde quiere estar.  Cuando uno necesita irse mucho de vacaciones e irse lejos, es porque algo en su vida no le satisface, huye para recargar pilas y volver.  No es una acusación, yo antes necesitaba salir del país mínimo 2 veces/año; ahora llevaba 4 años sin vacaciones ni necesidad de ellas.  Cuando uno está en su lugar no necesita huir a ninguna parte, un pequeño paréntesis bien cerca es suficiente, porque su vida no le agota, al revés, le revitaliza.




Gracias por leer, espero que os sirva de algo.
Laura SV Flys
www.laurasvflys.com

*Estos consejos prácticos no sustituyen en ningún caso la consulta con su médico u otros profesionales de la salud.  Son mi opinión, la responsabilidad de llevarlo a la práctica es de cada uno. Consulte con su profesional de la salud si tiene dudas.

3 comentarios:

  1. Me alegro mucho por muchas cosas...por tus encuentros y hallazgos, por tu viaje interior y exterior y por no haberme quedado en el camino sino seguir aquí.

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    1. Gracias guapa! yo tb me alegro que sigas por aqui :) Besos

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  2. Gracias a tí por compartirlo

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Agradezco tu opinión